viernes 24 de junio de 2011

Los ladrones de coches se trasladan a los pueblos

elcorreo
La Ertzaintza acumula 18 denuncias de robos en vehículos de Legutiano y Salvatierra, aunque los vecinos hablan de una treintena

A los ladrones especializados en desvalijar vehículos les atraen las zonas aisladas, lugares donde poder realizar su 'trabajo' sin inoportunas molestias de algún transeúnte trasnochador y que, además, le ofrezcan presas fáciles. Por eso, los garajes son sus escenarios favoritos, y prueba de ello es el aumento de coches reventados en los aparcamientos subterráneos de Vitoria, sobre todo en el barrio de Salburua. Sin embargo, ahora los cacos parecen haber encontrado un filón en otros lugares que reúnen esas condiciones favorables a sus hurtos: los pueblos alaveses. Y ya han marcado dos puntos en su novedosa ruta, visitando Legutiano y Salvatierra. La Ertzaintza tiene registradas nueve denuncias por este tipo de delitos en cada uno de los pueblos, aunque los vecinos consultados por EL CORREO hablan de un número mayor.
«Cuando vinieron aquí reventaron diecisiete coches», asegura una de las afectadas de Legutiano la primera semana de junio. «Salimos a las siete y media de la mañana de casa y vimos que el vehículo, que estaba aparcado enfrente, tenía el cristal roto y le faltaba la radio. No se llevaron nada más», continúa esta vecina. El objetivo de aquella noche fueron los radiocasetes de los turismos estacionados. «Hicieron una batida por el pueblo buscando los que no tenían el equipo integrado, y escogieron los más fáciles de quitar y con buena pinta», destaca. Para ella, la soledad que ofrece Legutiano de noche lo convierte en «el escenario perfecto. Aquí no hay Policía Local, y aunque la Ertzaintza pasa de vez cuando, tienen total impunidad».
Esta afectada tiene claro que no ha sido cosa de una sola persona. «Para allanar diecisiete coches han tenido que ser varios, que vienen esa noche a robar y luego se van», aventura. Tras la barra del Amalur también comparten esa teoría. «Aquí al lado, en el pasaje Basatxi, destrozaron unos cuantos», añade el camarero, quien comparte la sorpresa de sus convecinos. «La última vez que robaron en coches en el pueblo fue hace dos años», recuerda.

Una quincena en Agurain
Casi dos semanas después, el mismo modus operandi se repetía en Salvatierra. Los ladrones aprovecharon la oscuridad de la noche para reventar quince automóviles -según los cálculos de los habitantes-, estacionados en diferentes puntos del centro de la localidad. «Aparecieron coches con las ventanillas rotas en la calle Mayor, en la de Apategui y en la carretera de Gordoa», explica Andrés, uno de los residentes de la zona. El objetivo, en este caso, también eran las radios, un producto que aunque aquí no tiene mucho mercado encuentra una buena demanda en países emergentes.
«Al final te hacen más daño con el cristal roto que con lo que te roban dentro», reflexiona este hombre, que recuerda otra de las visitas de los ladrones en mayo. «Entonces fueron menos coches, y además de las ventanillas rompieron los retrovisores», destaca, sin descartar que esos episodios pudieran ser obra de vándalos. «Yo creo que fueron personas de aquí, por hacer la gamberrada, porque de algunos vehículos no se llevaron nada», añade.
A pesar de esa sospecha, tanto él como sus vecinos de Agurain y los habitantes de Legutiano temen que no se trate de hechos aislados. Estas dos jornadas idénticas de robos «podrían repetirse, o aquí o en otros pueblos», reflexionan en las dos localidades, donde el recuerdo de los vidrios rotos alimenta una sensación de indefensión e impotencia.

lunes 13 de junio de 2011

Tradición en las abarcas

elcorreo
Alrededor de 700 niños y adultos bailaron ayer en Legutiano en el Día del Dantzari Alavés
Con el pañuelo ajustado en la cabeza y la falda floreada bien planchada, la pequeña Amaia se unía ayer a sus compañeros de 'faena' frente a la Casa de la Cultura de Legutiano. Unax, Asier, Erlantz y Kimetx, todos de entre 7 y 9 años, estaban sentados en el suelo formando una 'o' y hablaban sobre uno de los bailes del repertorio que se les atragantaba un poco. «La 'Sorgin Dantza' es muy difícil y no controlamos bien los pasos», reconocían. Y es que ayer era un día especial para ellos. Se reunían con otros 700 niños y adultos en la edición número 36 del Día del Dantzari Alavés, que este año se celebraba en la localidad de Legutiano.
Alrededor de las once de la mañana, y bajo unas nubes algo amenazadoras, la plaza Ortiz de Zárate ya lucía un colorido interesante. Había que atarse bien los pañuelos a la cabeza y calzarse las abarcas correctamente para que no hiciesen daño al bailar. Incluso había tiempo para entrenar algunos pasos y comprobar el vuelo de la falda.
Hasta que trece grupos de dantzaris procedentes de Alegría, Areta, Campezo, Izarra, Murguía, Salvatierra, Vitoria y Zigoitia comenzaron a distribuirse a lo largo y ancho de la plaza para iniciar una kalejira por las calles del Carmen, Comercio y del Medio.
Algara, Eguzki-Lore, Jare, Arantzabela, Adurtza, Odón Apraiz, Haize, Urkabustaitzko Dantzariak, Jeiki, Ioar, Gastedi Zuiatarra, Oketa y Untzueta fueron los colectivos que llevaron la fiesta a Legutiano. Y entre sus componentes estaba Blanca, del grupo vitoriano Eguzki-Lore. Tiene 47 años y lleva cinco bailando. «Además de pasarlo bien, también estamos aquí para reforzar este baile y darlo a conocer porque está algo abandonado y corre el peligro de desaparecer», advertía.
Lluvia intermitente
Enseguida, ellos con sus txapelas y ellas con sus delantales ocuparon sus puestos en el centro de la localidad para iniciar el repertorio de danzas vascas en las diferentes plazas de Legutiano. A pesar de la intermitente lluvia que comenzó a caer, los dantzaris alzaron sus brazos coordinados con sus pies y bailaron, entre otras danzas, 'Agintariena', 'Jaurrieta', 'Makil Dantza', 'Saint Petit' y 'Txakolin Dantza'. Y por supuesto, la tan temida 'Sorgin Dantza'.
Algo nerviosos, Amaia, Unax, Asier, Erlantz y Kimetx cogieron los gorros rojos en forma de cono, se los pusieron sobre la cabeza y comenzaron a mover los pies al ritmo frenético de la música. Finalmente, y como cabía esperar, consiguieron arrancar un fuerte aplauso de todo el público.
Nati López de Uralde, presidenta de Arabako Dantzarien Biltzarra, tampoco faltó a la cita. Baila desde hace 16 años y el ritmo de las danzas es lo que más la atrae. «En cuanto escuchas una canción, te dan ganas de mover los pies, aunque no sepas bailarla», aseguraba.
Consideraba fundamental inculcar la afición de la danza vasca y su tradición desde pequeños: «Empiezan con ganas, aunque luego tienen una época en la que les atraen otras actividades, como el fútbol. Pero después mucha gente se reengancha y cuando uno es adulto todo esto lo vive con mucha más intensidad», explicaba.
Tras el baile, llegó la hora del descanso y la comida. Cada uno llevó su propio menú para recuperar fuerzas, ya que a partir de las cinco de la tarde continuaba la fiesta con una romería a cargo de Joxe Mendizabal.