Un documental que emitirá ETB recrea los durísimos combates de la villa alavesa al cumplirse 75 años
Más de 1.600 muertos y desaparecidos y 5.500 heridos entre ambos bandos de la Guerra Civil muestran la crudeza de los combates que tuvieron lugar en una franja de 35 kilómetros de longitud entre los puertos de Arlabán y la Barrerilla (Orduña), entre el 30 de noviembre y el 23 de diciembre de 1936 y que por centrarse en la localidad estratégica de Villarreal, ahora Legutiano, tomó su nombre.
Pero fueron numerosos los pequeños pueblos alaveses que se vieron salpicados por el movimiento de tropas, los bombardeos y la destrucción: Elosu, Cestafe, Acosta, Uzquiano, Unzá, Murua o Gopegui, entre otros. La iglesia de Nafarrate, por ejemplo, nunca fue reconstruida como sí ocurrió con otras que quedaron en ruinas como la de Elosu o la de Villarreal.
Se cumplen ahora 75 años de aquella gran batalla que pudo haber cambiado el signo de la historia si se hubiesen cumplido los objetivos del Ejército vasco, que coordinó su primera y única ofensiva con fuerzas republicanas de Santander y Asturias. «Por desgracia, sabemos más del desembarco de Normandía y de la II Guerra Mundial que de lo que ocurrió a unos metros de nuestras casas. Creo que no ha habido interés por parte de nadie en recordar aquel dramático mes». Quien habla es Josu Aguirregabiria, un investigador de Legutiano y coautor del libro 'El frente de Álava', que lleva varios años junto a su asociación Sancho de Beurko sacando del olvido todo lo relacionado con la Guerra Civil en Euskadi.
Aguirregabiria, que jugó de niño en las trincheras del entorno de su pueblo, se rebela frente al silencio oficial sobre este combate. En su día fue considerado por la propaganda franquista como «otro Alcázar» por la heróica defensa que llevaron a cabo las tropas que se sublevaron contra la República, «fundamentalmente por la decisión y el valor de sus mandos, militares africanistas que superaron una situación de inferioridad numérica y de armamento», evoca.
Conquistar Vitoria
Uno de los objetivos del Ejército de Euskadi -ya existía el Gobierno vasco- era conquistar Vitoria y llegar hasta el nudo ferroviario de Miranda de Ebro. Para ello se prepararon más de 15.000 soldados, en su mayoría milicianos procedentes de todo el arco izquierdista y los nacionalistas, que tenían que superar a una guarnición de 2.900 'nacionales', distribuidos en todo el frente alavés.
Pero la ofensiva se encalló en Villarreal donde apenas 638 soldados y requetés resistieron el ataque de más de 5.000 hombres. La villa se dio por conquistada porque «era indefendible militarmente. Los atacantes estaban en las cumbres que rodean la villa, Albertia, Pagotxiki, el pinar de Chabolapea. Se controló hasta la carretera que venía de Vitoria. Pero aguantaron en unas condiciones increíbles, sin alimentos, sin municiones, sin poder evacuar los heridos y cuando tenían autorización de rendirse», señala Aguirregabiria, que prepara un libro sobre aquel hecho bélico. La obstinada resistencia permitió en los días siguientes hacer llegar refuerzos desde Vitoria mandados por Alonso Vega que equilibraron las fuerzas y frustraron la ofensiva.
Tras dos años de arduo y a veces incomprendido trabajo, ayer sábado Sancho de Beurko proyectó el documental 'La Batalla de Villarreal'. El acto comenzó con una ofrenda floral del Ayuntamiento de Legutiano a los vecinos que sufrieron las consecuencias bélicas. Está previsto que ETB emita próximamente este docudrama que ha producido y dirigido Javier Gutiérrez, de Digytal.
Recreación
La novedad de la cinta, además de los testimonios de ocho combatientes de los dos bandos, es la recreación de los combates que se ha hecho con un gran respeto y fidelidad tanto en los uniformes como en las armas y las tácticas de la época.
Participaron en el rodaje de las dramatizaciones 20 'reenactors' expertos en la recreación de escenas de combate, un camión, tres ametralladoras, dos morteros, 15 fusiles, pistolas, uniformes, cajas y diversos pertrechos. Se localizaron escenarios naturales en Zurbano, Urrunaga, pinar de Larrabea, Nafarrate y pantano de Urrunaga. «Vinieron desde Madrid dos grupos de recreación cuya labor fue imprescindible», recalca Aguirregabiria.